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Primer mensaje del ayatolá Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí, Líder de la Revolución Islámica

Primer mensaje del ayatolá Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí, Líder de la Revolución Islámica

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.

«No abrogamos ninguna aleya ni la hacemos olvidar sin traer algo mejor que ella o algo semejante» (Sagrado Corán, 2:106).

La paz sea contigo, oh convocador de Dios y guía espiritual de sus aleyas. La paz sea contigo, oh puerta de Dios y juez de su religión. La paz sea contigo, oh representante de Dios y auxiliador de su verdad. La paz sea contigo, oh evidencia de Dios y prueba de su voluntad. La paz sea contigo, oh adelantado en rango, en quien se depositan las esperanzas. La paz sea con usted, con las formas más plenas de la paz. La paz sea contigo, oh maestro mío, el imam Mahdi.

Al comenzar estas palabras, debo presentar mis condolencias a mi señor —que Dios, el Altísimo, apresure su manifestación— con motivo del desgarrador martirio del gran Líder de la Revolución Islámica, el querido y sabio Jameneí, y solicitar de su eminencia una bendita súplica en favor de cada uno de los miembros de la gran nación de Irán, y más aún, de todos los musulmanes del mundo, de cuantos sirven al Islam y a la Revolución, de los sacrificados, de las familias de los mártires del movimiento islámico —y en especial de la reciente guerra—, y también para este humilde servidor.

La segunda parte de mis palabras va dirigida a la gran nación de Irán. En primer lugar, debo exponer brevemente mi situación y mi postura respecto al voto de la honorable Asamblea de Expertos. Este servidor suyo, Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí, tuvo conocimiento del resultado de la votación de la honorable Asamblea de Expertos al mismo tiempo que ustedes, a través de la televisión de la República Islámica. Para mí, ocupar el lugar que fue asiento de dos guías de grandeza eminente —Jomeiní el Grande y el mártir Jameneí— es una tarea ardua. Porque este sitial guarda la memoria de quien, tras más de sesenta años de lucha en el camino de Dios y de renunciar a toda clase de placeres y comodidades, se convirtió en una radiante gema y en una figura eminente, no solo en la época actual, sino a lo largo de toda la historia de los gobernantes de este país. Tanto su vida como la forma de su muerte estuvieron entrelazadas con una grandeza y una dignidad surgidas de su apoyo en la verdad.

Yo he tenido la gracia de estar ante su cuerpo tras su martirio; lo que vi fue una montaña de entereza, y oí que había apretado el puño de su mano sana. Sobre las distintas facetas de su personalidad, deberían hablar largo y tendido quienes están informados; en este breve espacio, me limito a esa sucinta referencia y dejo los detalles para otras ocasiones propicias. Tal es la razón de la dificultad de asumir el liderazgo después de una persona así; salvar la distancia solo es posible recurriendo a la ayuda de Dios y con la asistencia de ustedes, el pueblo.

A continuación, es necesario que insista en un punto directamente relacionado con la idea principal de este mensaje, y es que, entre las virtudes del Líder mártir y de su egregio predecesor, se contaba el hacer partícipe al pueblo en todos los ámbitos, continuamente transmitirles lucidez y conocimiento y apoyarse en sus fuerzas y energías de manera práctica. Así es como él hizo realidad el auténtico significado de la república y la soberanía popular, en el que creía con todo su ser. El claro efecto de ello se ha visto estos días al estar el país sin Líder y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. La lucidez e inteligencia del gran pueblo iraní en estos acontecimientos, así como su firmeza, valentía y presencia, han llenado al amigo de admiración y al enemigo de desconcierto. Fueron ustedes, el pueblo, quienes lideraron el país y aseguraron su fortaleza. El significado de la aleya que he colocado al inicio de este escrito es que no hay ninguno entre los signos y aleyas de Dios cuyo plazo llegue a su término o sea olvidado, si no es habiendo puesto Dios Poderoso y Excelso otro similar o superior en su lugar.

La razón del uso de esa sublime aleya no es que este humilde servidor esté a la altura del Líder mártir, ni mucho menos que pretenda ser superior a él; el propósito de mencionar ese versículo bendito es señalar el importante y destacado papel de ustedes, pueblo querido. Si bien se nos ha privado de esa inmensa gracia, en su lugar se ha concedido una vez más a la República Islámica la presencia del pueblo iraní como un Ammar. Sepan que, de no hacerse patente su fuerza sobre el terreno, ni el liderazgo ni ninguno de los distintos organismos —cuya verdadera función es servir al pueblo— tendrán la efectividad necesaria. Para que esa idea se concrete de mejor manera, deben en primer lugar considerarse el recuerdo de Dios —bendito y exaltado sea—, la confianza en Él y el recurso a la intercesión de las luces puras de los infalibles —las bendiciones de Dios sean sobre todos ellos—como elixir supremo y azufre rojo que garantizarán todo tipo de logros, así como la victoria definitiva frente al enemigo. Esta es una gran ventaja de la que ustedes gozan, y de la que sus enemigos carecen.

En segundo lugar, no ha de sufrir menoscabo alguno la unidad entre los individuos y los sectores de la nación, unidad que suele manifestarse de manera especial en momentos de dificultad. Esto se logrará dejando de lado los puntos de desacuerdo.

En tercer lugar, debe mantenerse una presencia efectiva sobre el terreno, ya sea en la forma que ustedes han mostrado en estos días y noches de la guerra, ya con diversos modos de actuación efectivos en los distintos ámbitos social, político, educativo, cultural e incluso de seguridad. Lo importante es que el papel correcto por cumplir se comprenda bien y, en la medida de lo posible, se desempeñe sin socavar la unidad social. Una de las funciones del Liderazgo y de algunas otras instancias es señalar algunos de esos roles a los individuos o a los sectores de la sociedad. Por ello, recuerdo la importancia de la participación en las manifestaciones del Día de Al-Quds de 1447, donde el elemento de la destrucción del enemigo debe ser tenido en cuenta por todos.

En cuarto lugar, no dejen de prestarse mutua ayuda y auxilio. A Dios gracias, no ha sido otra la característica constante de la mayoría de los iraníes, y es de esperar que, en estos días tan singulares, que naturalmente serán más duros para algunos individuos de la nación que para otros, ese aspecto se manifieste con mayor intensidad. En este mismo contexto, pido a los organismos de prestación servicios que no escatimen ningún tipo de ayuda o asistencia a esos preciados individuos de la nación en ese sentido, como tampoco a las estructuras populares de socorro. Si se observan estos aspectos, estará allanado el camino de ustedes, pueblo querido, hacia días de grandeza y esplendor. El ejemplo más inmediato de ello puede ser, Dios mediante, la victoria sobre el enemigo en la actual guerra.

La tercera parte del mensaje de un servidor es la expresión de mi más sincero agradecimiento a nuestros valerosos combatientes que, habiendo sido inicuamente agredidos nuestro pueblo y patria queridos por los cabecillas del frente de la arrogancia, han bloqueado con sus contundentes golpes el avance del enemigo, sacándolo de la fantasía de poder dominar a nuestra amada patria, y acaso fragmentarla.

¡Queridos hermanos combatientes! El deseo de las masas populares es que esa efectiva y disuasoria defensa prosiga. Asimismo, debe sin duda seguir recurriéndose al instrumento del bloqueo del estrecho de Ormuz. En cuanto a la apertura de otros frentes en los que el enemigo tiene escasa experiencia y en los que será sumamente vulnerable, se han realizado estudios que se activarán si la situación bélica persiste y en función de lo que dicte el interés general.

Expreso además un sincero agradecimiento a los combatientes del Frente de la Resistencia. Consideramos a los países del Frente de la Resistencia como nuestros mejores amigos, y la resistencia y el frente dedicado a ella son parte inseparable de los valores de la Revolución Islámica. No cabe duda de que la cohesión entre los componentes de este frente acortará el camino de la liberación de la sedición sionista. Como hemos visto, el fiel y valeroso Yemen no cesó en su defensa del oprimido pueblo de Gaza; el abnegado Hezbolá ha acudido en ayuda de la República Islámica a pesar de todos los obstáculos, y la Resistencia iraquí ha emprendido igualmente ese mismo camino con valentía.

En la cuarta parte de este mensaje, me dirijo a aquellos que, en estos últimos días, han sufrido algún tipo de daño; tanto a quienes han padecido el martirio de uno o varios seres queridos, a quienes han resultado heridos y a aquellas personas cuyos hogares o lugares de trabajo o de comercio han sufrido daños. En este punto, expreso en primer lugar mi más profunda solidaridad a las familias de los excelsos mártires, dada la experiencia común que comparto con esos seres insignes.

Además de mi padre, cuya pérdida es asunto de interés público, he hecho entrega a la caravana de los mártires de mi querida y leal esposa, en quien tenía puestas muchas esperanzas; a mi abnegada hermana, que se consagró al servicio de sus padres y finalmente obtuvo su recompensa; a su hija de corta edad, y al esposo de mi otra hermana, hombre erudito y noble. Lo que hace posible, e incluso fácil, la paciencia ante las adversidades es prestar atención a la cierta, incuestionable promesa de Dios de una recompensa valiosa para los pacientes. Debemos, por lo tanto, ser pacientes y tener esperanza y confianza en la gracia y el auxilio de Dios Poderoso y Excelso.

En segundo lugar, garantizo a todos que no dejaremos de vengar la sangre de sus mártires. La venganza que tenemos en mente no se restringe a la relativa al martirio del egregio Líder de la Revolución, sino que cada miembro de la nación martirizado por el enemigo constituye por sí un asunto independiente en la causa de la venganza. Ciertamente, una limitada porción de esa venganza se ha materializado ya, pero mientras no se complete en su totalidad, este expediente seguirá estando por encima de los demás y mostraremos un especial celo, de manera particular, respecto a la sangre derramada de nuestros niños y pequeños. De este modo, el crimen cometido deliberadamente por contra la escuela Shayaré Tayebé de Minab tendrá, junto a casos similares, un estatus especial en el tratamiento de este asunto.

En tercer lugar, los combatientes heridos en estos ataques deben recibir sin falta servicios médicos adecuados de forma gratuita, así como beneficiarse de algunas otras prestaciones.

En cuarto lugar, en la medida en que la situación actual lo permita, deben definirse y ponerse en práctica las medidas suficientes para la reparación de los daños materiales causados a las propiedades y bienes personales. Estos dos últimos puntos constituyen una obligación ineludible para los respetables responsables, quienes deben llevarlos a cabo e informar a un servidor de los resultados.

Un detalle en el que debo incidir es que, en cualquier caso, obtendremos compensación del enemigo. Si se niega a darla, tomaremos de sus bienes en la medida que consideremos oportuna. Y si esto tampoco es posible, destruiremos esa misma cantidad de sus propiedades.

La quinta parte de mi mensaje va dirigida a los líderes e instancias influyentes de ciertos países de la región. Compartimos fronteras terrestres o marítimas con quince países vecinos, y siempre hemos estado y estamos dispuestos a mantener cálidas y constructivas relaciones con todos ellos. Sin embargo, desde hace años, el enemigo ha ido estableciendo gradualmente bases, tanto militares como financieras, en algunos de esos países para asegurarse el dominio sobre la región. En esta agresión, se utilizaron algunas de esas bases militares, por lo que como es natural y tal como habíamos advertido de modo explícito, hemos atacado únicamente esas bases, sin agredir a esos países.

En adelante, no tenemos más remedio que dar continuidad a esta acción, si bien seguimos creyendo en la necesidad de amistad entre esos vecinos nuestros y nosotros. Esos países deben definir claramente su postura frente a los agresores a nuestra querida patria y asesinos de nuestro pueblo. Yo recomiendo que cierren esas bases cuanto antes, puesto que seguramente habrán comprendido ya que la pretensión del establecimiento de la seguridad y la paz por parte de Estados Unidos no fue más que un embuste.

Eso les permitirá fortalecer sus vínculos con sus propios pueblos, quienes, de manera general, están descontentos por su alineación con el frente de la incredulidad y por su denigrante conducta, con lo que aumentarán su riqueza y su poder. Vuelvo a repetir que la República Islámica está por completo dispuesta, sin voluntad de imponer en la región dominación ni colonialismo algunos, a mantener una relación de reciprocidad cálida y sincera con todos sus vecinos.

En la sexta parte del mensaje, me dirijo a nuestro Líder Mártir. ¡Oh, Líder! Con su partida, ha dejado una pesada carga de dolor en todos los corazones. Usted anheló siempre este destino, hasta que por fin el Dios de la Verdad se lo concedió mientras recitaba el Sagrado Corán en la mañana del décimo día del bendito Ramadán. Soportó muchas injusticias con poderío y paciencia, sin inmutarse. Muchos no reconocieron su verdadera valía, y quizás pase mucho tiempo antes de que, apartados los velos y obstáculos de todo tipo, se revelen algunos de los aspectos de la misma.

Esperamos que, en virtud de la posición de proximidad que ha alcanzado junto a las luces puras, los veraces, los mártires y los allegados a Dios, siga velando por el progreso de esta nación y de todas las naciones del Frente de la Resistencia e interceda por ello, tal como hizo en su vida terrenal. Con usted sellamos un pacto por el que lucharemos con todo nuestro ser por el ennoblecimiento de esta bandera, que es la bandera principal del Frente de la Verdad, y por la consecución de los sagrados objetivos por los que usted derramó su sangre.

En la séptima parte, expreso mi agradecimiento a todas las personalidades que me han brindado su apoyo, incluidas entre ellas las grandes autoridades de referencia religiosa, las distintas figuras distinguidas de los ámbitos cultural, político y social, así como al común del pueblo que ha acudido a las multitudinarias concentraciones para reafirmar su adhesión a la República Islámica. Asimismo, agradezco sus acertadas decisiones y medidas a las autoridades de los Tres Poderes y al Consejo Provisional de Liderazgo.

Espero que, en estas horas y días llenos de bendiciones, se extiendan las gracias especiales de Dios a toda la nación iraní, y más allá, a todos los musulmanes y oprimidos del mundo.

Por último, ruego a nuestro señor e Imam (cuya gloriosa reaparición quiera Dios Altísimo acelerar) que, en lo que resta de Noches y Días del Destino y del bendito mes de Ramadán, suplique ante el umbral de Dios Poderoso y Excelso para que nuestra nación alcance sobre el enemigo una victoria definitiva, así como honor, holgura y salud. Y que pida para sus difuntos elevadas posiciones y bienestar en la otra vida.

Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones y saludos.

Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí

21 de esfand de 1404 h. S., correspondiente al

12 de marzo de 2026 d. J. C. y al

22 del bendito ramadán de 1447 h. L.

12/03/2026