Mensaje con motivo del Día del Trabajador y del Maestro
El Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Moytabá Jameneí, ha emitido este viernes un mensaje con motivo del Día del Trabajador y del Maestro.
En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
Los días 1 y 2 de mayo son jornadas en las que se rinde homenaje a la dignidad del trabajador y el valor del maestro. Más allá del reconocimiento verbal y simbólico —lo cual es, a su vez, una acción justa y correcta—, el progreso de cualquier país depende de las dos alas del conocimiento y la acción. El maestro cumple un papel fundamental en la primera etapa de realización de este propósito. Sobre él recae la grave responsabilidad de impartir conocimiento, de aumentar la destreza y de una parte importante del crecimiento de la visión y de la conformación de la identidad de la futura generación. Los alumnos, los universitarios y los estudiantes del seminario que crecen junto a cada maestro, en un futuro no lejano pondrán en práctica las habilidades aprendidas y los conocimientos adquiridos, y es muy posible que, en su carácter, comportamiento y palabras, en toda clase de ámbitos —desde el cálido círculo familiar hasta el entorno laboral, y [la vida cotidiana] en calles y callejones — reflejen, como un espejo, los comportamientos y las palabras de sus maestros.
Por otro lado, el ámbito del trabajo es un escenario vasto, tan amplio como el propio país, que se extiende desde el interior de los hogares, las oficinas, los negocios y las mezquitas hasta los campos, los talleres, las fábricas, las minas y una gran variedad de oficios de servicios. Cuanto más se beneficie esta vasta área de los dos elementos de la laboriosidad y del compromiso —que cuentan entre los pilares de todo gran logro—, tanto más y mejor quedará garantizado el progreso del país. Sabemos que un trabajador, a la luz del compromiso y de la rectitud en la acción, alcanza a veces una posición tal que merece, al igual que la mano llena de afecto del maestro y del educador, que se deposite un beso de gratitud y reconocimiento sobre su mano capaz y diestra. Esto, por supuesto, es algo que se cultiva desde el regazo de los primeros educadores de cada persona —es decir, sus padres—, y posteriormente mediante la comprensión que se adquiere en presencia del maestro.
Ahora que la República Islámica de Irán, tras más de cuarenta y siete años de esfuerzo abnegado y apoyándose en la gracia divina, ha demostrado al mundo parte de su notable capacidad en la contienda militar contra los enemigos de su progreso y elevación, también debe frustrar y derrotar a aquellos en la fase de la lucha económica y cultural. Los maestros serán el eslabón más eficaz en la batalla cultural, y los trabajadores se contarán entre los elementos más efectivos en la batalla económica; de tal modo que puede afirmarse que ambos constituyen la columna vertebral de los ámbitos de la cultura y de la economía. Por ello, es necesario que sean plenamente conscientes de la importancia de su posición particular, más allá de considerarla un mero empleo por el que se recibe un salario. Del mismo modo, debe tenerse presente que, si bien los homenajes verbales anuales o periódicos son justos y apropiados, no bastan: el reconocimiento de los esfuerzos de estos dos colectivos debe ser más profundo y práctico que eso. Este servidor considera que, del mismo modo que la querida nación de Irán, mediante su presencia en las plazas y calles, ha brindado un merecido apoyo a las fuerzas armadas de su país, es conveniente que muestre también un respaldo firme en la ayuda a maestros y trabajadores. Entre otras medidas, debe fomentarse más que nunca la interacción de las familias de los alumnos y de los universitarios en la gestión de las escuelas y facultades; asimismo, se debe apoyar a los trabajadores productivos dando prioridad al consumo de bienes producidos en el país, y los propietarios de negocios, especialmente los perjudicados, deben evitar en la medida de lo posible la reducción de personal o la separación de su fuerza laboral, tanto en unidades productivas como en unidades de servicios y, más bien considerar a cada trabajador como un patrimonio de dicha unidad productiva y de servicios. Y, por supuesto, que el respetado Gobierno respalde esta acción benéfica en la medida de lo posible.
El querido Irán, del mismo modo que ha surgido como potencia militar tras años de esfuerzo, si Dios quiere y por la gracia divina, recorrerá el camino hacia las cumbres del progreso y la elevación mediante el trazado de las líneas de la identidad irano‑islámica y su mayor arraigo en las mentes y almas de los jóvenes de este país, de la mano de los educadores y maestros, y mediante la prioridad concedida al consumo de productos nacionales, fruto del esfuerzo de los trabajadores laboriosos de Irán. Y esto, por supuesto, con la súplica benéfica y la intercesión de nuestro maestro —que Dios Altísimo apresure su manifestación—, se cumplirá más pronto y mejor, con la venia de Dios Altísimo.
Y la paz sea con ustedes, así como la misericordia de Dios y Sus bendiciones.
Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí
01/05/2026
01/05/2026
